Esperarás A Que Me Muera Para Decirme Que Me Quieres


Los cementerios son lugares tristes, pero no por las personas que se mueren, sino por aquellas que están ahí, junto al ahora montón de carne y hueso, llorando desgarradamente a causa de lo que ya no se puede cambiar.

Esta es una de las grandes desgracias humanas: todos somos conscientes de la muerte, mas no actuamos acorde, es decir, somos desagradecidos y odiosos con las personas, y una vez estas mueren, nos arrepentimos.

Si no les dijimos: “te quiero”, nos culpamos; si no les ayudamos con sus deberes, nos señalamos; si no estuvimos en la enfermedad cuidándolas, nos entristecemos; si las humillamos, nos sentimos avergonzados.

Estos tres fragmentos de “En vida, hermano, en vida” de Ana María Rabatté, escritora mexicana, nos invitan a actuar en vida.

Cuando las personas mueren, se han ido para siempre. No se les puede rezar ni mucho menos pedirles cosas; su destino particular durante esta existencia específica se ha cumplido y les ha llegado la hora de partir en paz; los que sufren son los que se quedan aquí en La Tierra dándose golpes de pecho por no haber sido lo mejor con esa persona.

Ahora, y si sabes esto, ¿por qué te empeñas en comportarte mal con tu prójimo, juzgarlo por sus gustos y darle la espalda cuando él viene en tu ayuda? ¿Que si es difícil? Lo es, y en demasía; tanto que hay algunos seres humanos tan desesperantes con quienes es supremamente complicado entrar en un contacto sano, pero todos vamos a morir y la idea es no dejar vacíos en nuestros corazones, es decir, no tienes que aguantar a todo el mundo, pero sí evitar hacerle daño a los demás, y no solo físicamente, porque a veces lo que más duele son las palabras; así que sé prudente en todo momento y lugar.

Si puedes dar amor, hazlo, sino aléjate; pero nunca siembres odio en los demás, porque lo estás sembrando también en ti mismo.

Conclusión: guarda en tu mente bonitos recuerdos, vive al máximo y no escatimes en vida tus esfuerzos para hacer feliz al otro.

De nada sirve que le compres una corona de flores al difunto porque él ya no las podrá ni ver ni oler, ¿qué tal una rosa hoy, que él respira? Apuesto que es más económica y él realmente la valorará.

A continuación, comparto una frase mía, la cual en sí misma resume mi punto de vista sobre este tema:

“El día en que muera no es necesario que me entierres; es más, ni me visites en el cementerio, porque allí no estaré. Si me piensas y recuerdas nuestros momentos felices, yo estaré más cerca de ti, estaré en tu corazón”.

No olvides compartir con tus amigos y dejarnos tus comentarios.

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